25 febrero, 2013

Catarsis





- ¿Cuanto tiempo llevas aquí? - Preguntó- Solo...
- Oh,..., no estoy solo - Respondió evadiendo la primera pregunta- Estoy con estos.
Miró a su alrededor y no vio a nadie. El sótano no tenía más de seis por seis metros y no sería difícil ver a alguien si efectivamente se encontrase entre ellos. Todas las puertas estaban cerradas; incluso la de la entrada escaleras arriba.
El olor a humedad se metía por la nariz dejando una sensación extraña. Como si te hubiesen metido la cara en un cubo lleno de tierra putrefacta. La luz, escasa, dejaba zonas en penumbra donde la imaginación buscaba bichos asquerosos. Pero allí no había nada en absoluto.
- ¿Cuanto llevas aquí encerrado? - Volvió a preguntar.
- No lo se. Lo cierto es que se me ha olvidado.
- ¿Y ellos?
- Ellos....Tampoco lo se. La verdad es que no hablamos mucho. No son unos tipos agradables. Cuando abren la boca no es mas que para increpar o decir idioteces...Mira ese, por ejemplo. El de la escopeta. Se cree poderoso por que esta armado, pero en realidad no es más que un cretino. Tampoco sabe usar su arma. Eso creo. Supongo que si yo fuera él hace tiempo que me hubiera volado la cabeza. Eso demuestra que no sabe usarla.

Volvió a mirar en derredor y no vio nada. Aquel tipo estaba como una cabra y no parecía que fuera a mejor. Todo lo contrario. Encendió un cigarrillo y le ofreció a su acompañante. Este negó con la cabeza. Tampoco él sabía cuanto tiempo llevaba allí encerrado, ni como había llegado allí, ni por que. Solo recordaba la conversación que estaba manteniendo ahora mismo pero tenía la sensación de hallarse en este sórdido lugar desde hacía mucho tiempo. Le dolía la cabeza, la espalda, las piernas...
Volvió a mirar el recinto. Ya no estaba...

- Holaaaaa - Un respingo le recorrió la espalda de arriba abajo a la vez que un sudor frío aparecía en su frente - Holaaa amigo...
Giró la cabeza y sorprendido vio a un tipejo nuevo. Era raro, pero se parecía mucho al primero. Con los ojos como platos intentó decir algo pero de su garganta no salió mas que una especie de gruñido. No sentía temor. era una sensación totalmente distinta. Le resultaba familiar, el primero, el segundo, el tercero, TODOS. Percibía como si los conociese de toda la vida. No lo comprendía. No.
- Holaaaa. Has vuelto cabronazo. Acaso no esperabas volver a verme, mamón- Su nuevo compañero parecía que también lo conocía.- Ya empezaba a aburrirme sin ti, amigo.
- ¿Te,...te conozco?
- Joder que pronto olvidas mamón.
- ¿Pero quien coño eres? - Trató de decirlo con un tono neutro pero no lo consiguió. En vez de eso pareció un chillido.
- ¿Quién soy yo?, ¿Quién soy yo?, ¿Quién soy yo?. Sorpresa. Yo soy yo y tu y aquel. Y el otro y el de mas..... No recuerdas nada verdad. Ummmm....- Le empujó.

De pronto un agudo dolor hizo que sus labios se apretasen. Olía a quemado. - Dios, Joder, Mierda...- Se había olvidado del cigarrillo que mantenía en la boca. El dolor era fuerte. Intentó quitarse el pitillo de un manotazo pero parte de la colilla se quedó pegada a sus labios. Las cenizas incandescentes le quemaron la mano. Al fin consiguió quitarse la antorcha de su cara y sintió como una ampolla crecía en su boca.
De repente se dió cuenta; ya no estaba donde estaba. Se hallaba al otro lado de la habitación sentado en el suelo, con la espalda contra la pared. Sintió el frío de esta atravesar su ropa. Se palpó la cara. Nada; ni ampolla, ni dolor,... ¿Que coño...
Vio a un hombre donde el había estado antes. Le vió abrir la boca y escucho sus palabras.
 - ¿Cuanto tiempo llevas aquí? - Preguntó- Solo...
- Oh,..., no estoy solo - Se escuchó responder a si mismo. Que extraño. le pareció que acababa de tener esa misma conversación hacía poco. Noto como su ser se revolvía. Un cambio, una revolución le rondaba el alma. Una catarsis espiritual,...Algo que nunca había sentido. Siguió hablando - Estoy con estos.

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